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Begoña se puso de parto una tarde en la que el frío lo cambió todo. Fue en Vallecas, hace un año. En su vientre, Víctor, su primer hijo. En el hospital, huelga sanitaria. El bebé empuja en el interior de la madre mientras los recortes empujan al mínimo el cuadrante de médicos y enfermeras. Es un parto más en un hospital público más de Madrid. Puede que ni la huelga ni los recortes tuvieran la culpa. Puede que el cordón umbilical fuera demasiado corto, puede que la placenta fuera demasiado vieja, puede que pasara mucho tiempo entre la primera y la última contracción. Puede. Víctor y Begoña no pudieron.

A Begoña le practicaron una cesárea de urgencia. Lo urgente acabó siendo importante y lo importante era más que urgente. El corazón de Víctor nació sin latido. En el informe médico, dos palabras: parada cardiorespiratoria. En lenguaje de la calle, una palabra: muerto.  Aún no lo ha visto, no ha podido abrazarlo, y Begoña ya se despide de su bebé.  Las piernas anestesiadas, el corazón helado. El recién nacido vuela en ambulancia hacia otro hospital público de Madrid. Frío.

La hipoxia afecta a uno de cada 1000 bebés en España y es responsable del 20% de los casos de parálisis cerebral. El único arma que tiene la medicina para evitar las secuelas neurológicas que, como en el caso de Víctor, se pueden producir por la falta de oxígeno en el cerebro es el frío.

El corazón del pequeño tardó seis minutos en latir. Recuperado el pulso, lo metieron en “la nevera” de la UCI de neonatos. La terapia hipotérmica hace que la actividad corporal y cerebral se ralentice. El bebé estuvo 72 horas enchufado a una máquina que bajó a 28 grados centígrados la temperatura de su corteza cerebral y acostado en una manta que enfrió su cuerpo a 35 grados. Tres días después del parto Begoña pudo abrazar, por primera vez,  a su bebé.

Hoy, un año después, un niño de mejillas rojas y ojos sonrientes entra en brazos de su madre a la consulta de la Doctora Blanco. No tiene ni una sola secuela, aún así tendrá que someterse a exámenes médicos hasta que llegue a la edad escolar. 

La terapia del frío se aplica desde hace seis años en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Su complejidad técnica y elevado coste económico hace que muy pocos hospitales puedan tenerla entre sus terapias. La mayor parte son hospitales públicos. “Víctor, el niño que llegó del frío” es parte de una de las historias que podrás ver hoy en Comando Actualidad.  El frío me ha despertado también a mí del letargo bloguero en una semana en la que hospitales, médicos y pacientes celebramos la congelación de la privatización de la sanidad madrileña.

La terapia del frío disminuye las secuelas neurológicas tras una muerte súbita

La terapia del frío disminuye las secuelas neurológicas tras una muerte súbita

 

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