Posts etiquetados ‘chistabino’

El pastor de Espierba que habla belsetán.

El pastor de Espierba que habla belsetán.

La nevada del año ha caído en Espierba. El termómetro duerme bajo el bajo cero. La montaña hiberna asomada al sol. El ruido no circula. El silencio patina. Son las diez de la mañana,  Ángel Luis desciende por la única calle asfaltada y libre de nieve.  Aparece sonriente al encuentro. Hace 53 años que patea las cumbres y los barrancos del Valle de Bielsa, -según miras de frente el mapa, al norte, Huesca, a la derecha, Monte Perdido.- Son cinco paisanos en el pueblo (contando los perros), guardianes de ese pirineo aragonés donde suman 20 los picos de tres mil y donde no llega el turismo de la nieve. Es un desahogo para el paisaje que no haya remontes, ni pistas negras, ni pistas rojas. Es una suerte salvaje para la descomunal naturaleza que no hayan transformado su nieve en polvo de euros. La suerte y el desahogo de la montaña es hazaña para el pastor, vive de la carne que le regalan sus cabras y sus ovejas. Quiso estudiar y llegó a la cumbre del COU, seguir escalando la ladera del conocimiento suponía marcharse muy lejos de Espierba. Así, eligió cuidar del ganado y acompañar a sus padres.  Hace unos años se abarrancó y comenzó a guardar, una a una, todas las palabras que aprendió charrando con su madre. Su madre se llama Generosa; su lengua madre, Belsetán.

Es una suerte para la lengua que a Ángel Luis le diera por atesorar las palabras de la variante más antigua y conservadora del aragonés. Sólo él, su madre y otros cincuenta locos del lugar charran en belsetán, un habla arcaica que, como el aragonés, el castellano o el catalán, procede del latín y que mantiene sonidos casi extinguidos. Convencido de que lo que no se usa se pierde y que para que algo no se pierda hay que usarlo, está construyendo el primer diccionario de Belsetán del mundo. Ha recogido, escrito y definido 15.000 palabras. Guarda su tesoro en una carpeta de cartón azul, atrapado entre gomas. Segunda hazaña. Como no le sobra ni un minuto, entre ordeños, pastoreos y salidas al monte, le ha dado (además) por sentarse a escribir un manual con un atractivo título: ‘Aspectos morfosintácticos del belsetán’. Defiende, aquí, que sin lengua los hombres seremos otra cosa, no quienes somos. Tercera hazaña.

Con Ángel Luis yo he aprendido que abarrancarse significa tomar una decisión arriesgada, en belsetán, en castellano, o en chino capuchino. Que el aire fagüeño (caliente) que sopla en el Pirineo y en las mentes de quienes legislan puede derretir la nieve y la lengua. Que el lenguaje, las palabras, los giros, los vocablos, el acervo, los nombres, los pronombres, los adjetivos, los sustantivos… forman parte de nuestra cultura. Que no hay que olvidar hacia dónde vamos pero tampoco de dónde venimos. Que no hace falta convocar un referéndum para sacar la lengua o reivindicarla. A Ángel Luis le enseñaron en la escuela (cuando había que reeducar a los rojos que en la Guerra Civil se habían atrincherado en esta zona de Aragón) que charrar belsetán era feo, era paleto, era malo. Le inculcaron (regla en mano) que para ser finos había que hablar castellano. Y él, que es pastor e hila fino, defiende la lana, su lengua y, sobre todo, las palabras.

Don de lenguas. Comando Actualidad

 

 

Anuncios