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Me licencié como periodista en la calle, ese lugar donde  se graduó el oficio más antiguo del mundo -o si prefieres, el segundo oficio  más antiguo del mundo-; el oficio de contar historias.  La calle, con sus miles de recovecos, sus cientos de esquinas,  sus decenas de puertas cerradas, sus centenares de ventanas entornadas y sus miles de alcantarillas abiertas. Porque no hay vida sin calle. Y si las calles se han quedado sin niños, el periodismo se está quedando sin aceras.  En un momento en el que el sector periodístico atraviesa la peor crisis de su historia,  10.000 periodistas se han apuntado a las listas del paro desde el año 2008 (Observatorio de la crisis FAPE)  hay que  a salir al raso, a la intemperie, estar allí donde pica el asfalto, escuece la zarza o se suda y se tirita de frío. El periodista es periodista porque ha de salir para después volver y contar lo que pasa.

No es en las redacciones y a golpe de clic donde se esconde la información. Las mejores pistas para las mejores historias están en lo que se oye en la esquina, en lo que se masca en el bar o se susurra en casa de la vecina. Y lo más importante, ahí fuera está también quien quiere saber lo que pasa: el ciudadano.

Porque ser periodista es saber mirar y querer ver para poder contarle, a quien  interese,  lo que se mira y lo que  se ve desde múltiples y distintos ámbitos. No creo en el periodismo ciudadano, cualquiera que tiene un blog, una cuenta en Twitter,  Facebook o usa una cámara de teléfono móvil no puede ser periodista. Es como pensar que si compro un bisturí,  soy cirujano. El periodismo es un oficio que  ha de estar hecho por gente que sepa analizar y evaluar lo que merece ser contado.

Y ahí está la calle para la forma y para el fondo, porque no dirá el ladrón lo  mismo que el policía, ni el testigo del cuarto derecha que miraba por la ventana que  la señora del bajo a la que han robado la cartera, y si además  hay un socavón en el lugar de los hechos que impidió llegar a la ambulancia, habrá que preguntarle al político quién se llevó el asfalto.  En fin…  Jerarquizar, confirmar, contrastar, difundir noticias y hacer la calle para la gente de la calle.

Ser periodista es un desafío tan grande como intentar abordar la realidad desde un blog. Por fortuna, no pretendo más que  contar desde aquí lo que a ratos se queda entre líneas en mis reportajes, ahondar en la historia de esas personas que me abren la puerta de su casa.   “Haciendo la calle” pretende ser una especie de  ”así se hizo”,  con detalles, vivencias, reflexiones. Quiero compartir  los entresijos de lo que no llega a la pantalla porque se que se queda en la carretera.  Consciente de que  hoy por hoy un periodista sin blog es como una vaca sin cencerro, he decidido llegar hasta aquí. No hay más pretensión que la de contar historias, en este caso, historias de la calle.

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