¡Hay que Wert para creer!

Publicado: 25 octubre, 2013 en actualidad, opinión, periodismo, periodistas
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Siempre he sido de natural confiada. Siempre he creído a pies juntillas en las matemáticas. ¿Y por qué desconfiar?  “Las matemáticas son una ciencia exacta” me decía Don Manolo, un profesor que nos arreaba un par de capones a los alumnos que nos despistábamos cada vez que aquel profesor -de aire autoritario- se encendía un cigarrillo en clase, porque en los años 80 en las aulas se podía fumar.  Pero estos días un nosequé se ha apoderado de mí y desconfío de cada número que leo. Desconfío de las sumas, de las restas, de las multiplicaciones y de las divisiones. A las raíces cuadradas ni me remito porque a estas alturas creo que ya he olvidado hasta para qué sirven. En fin. El caso, y vamos al grano, es que hoy he salido a comprobar mi recién estrenada integral desconfianza en las cifras. ¿Por qué? Porque no me fío. Me dicen que salimos de la recesión porque el crecimiento económico ha subido una décima. No me fío. Me cuentan la crisis se ha acabado aunque el PIB haya bajado un 12% desde que comenzaron las vacas flacas. No me fío. Me aseguran que es motivo de orgullo y satisfacción que el paro haya bajado en 72.800 personas, pero no me cuentan cuántas de esas 72.800 personas se han borrado de la lista del INEM o qué número ha salido corriendo a buscar trabajo fuera de España. No me fío. Siempre he sido de natural optimista pero qué queréis que os diga, no me fío.

Mis padres no pudieron pensar qué colegio era mejor para educar a sus tres hijos, ya tenían bastante con conseguir dinero para vivir, así que primero me llevaron a un colegio de monjas. Razón: estaba al lado de casa. Cuando mi hermano alcanzó la edad escolar, llegó el colegio privado. Razón: “los niños tienen que ir juntos a la escuela”, decía mi madre (las monjas sólo admitían a niñas). La razón número uno había dejado de importar porque el nuevo colegio estaba lejos de casa.  Pero entonces llegó la razón número tres: el colegio estaba subvencionado por la fábrica en la que trabajaba mi padre e íbamos en un autobús comunitario y gratuito para los hijos de los trabajadores. Sobraban las razones. Cuando la subvención de la fábrica se esfumó, llegó el colegio público. Razones:  sin razones.  En esta escuela acabé la EGB y , durante cinco años, tuve la suerte de convivir con estudiantes de toda clase social, había niños que vivían en chabolas, otros que lucían cocodrilos en las camisetas de pico y otros cuyos padres no podían pagar el bocadillo del recreo o vendían chatarra a la salida de clase.

Y mis padres que no pudieron pensar qué colegio era mejor, me enseñaron con tanto cambio, y quizá sin proponérselo,  que educar no es segregar a niños y a niñas en distintas aulas, que aprender religión no es rezar el rosario sino saber qué es el Budismo, el Judaísmo o el Islám, que enseñar no es memorizar sino formar en la reflexión, que la calidad de la educación no es el resultado de un examen o que escribir bien no es hacer una buena caligrafía sino aprender a argumentar, a expresar o formular ideas.  Que la educación es un derecho de todos, y que en ese todos puede haber muchos que no tengan dinero para el bocadillo. Y sobre todo me enseñaron el valor de la suma: muchos es más que uno. Razonamiento matemático que me lleva a pensar que uno no puede decidir cuál es el futuro de una Ley de la que dependen 40 millones de futuros.

Por eso hoy he sacado la calculadora para salir a la calle y contar cuántas personas había en la manifestación contra la reforma educativa que ha recorrido las calles del centro de Madrid. Sigo sin fiarme. Estas son mis cuentas:  130.000 padres, 151.249 madres, 1.200  niñas, 1.624 niños, 14.432 abuelas, 15.237 abuelos, 24.000 jubilados, 90.010 adolescentes, 67.865 jóvenes,  24.987 universitarios, 67.000 profesores y 76.234 maestras. He restado a un grupo de 23 turistas japoneses que hacían fotos a la Cibeles, a tres señores que paseaban a sus perros, a dos hombres vestidos de negro que pasaban por allí,  a dos chicas que se habían equivocado en la parada de autobús y  a una señora que iba a comprar el pan para cenar.

A estas alturas ya sé que mis cuentas no cuadrarán con ninguna otra. Sé que las matemáticas son una ciencia exacta, sí, y que se pueden hacer distintas operaciones para conseguir los mismos resultados o que podemos conseguir distintos resultados con una misma operación. Lío. También sé que no es lo mismo leer de derecha a izquierda que de izquierda a derecha. Sé que los malos humos y los capones de Don Manolo sólo conseguían dividir la clase en buenos y malos sin criterio pedagógico. Sé, porque los he conocido, que hay extraordinarios profesores que multiplican por 1.000 las ganas de aprender de sus alumnos.  Y todo lo aprendí en la escuela. Mis padres no pudieron pensar pero a mí sí me enseñaron a hacerlo. Ahora sé que  educar es sumar para que no haya restas en el futuro. Que hay que Wert para creer. ¡Tanta operación para llegar aquí! Estoy exhausta. Yo me sumo.

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comentarios
  1. María dice:

    Bonita lección la tuya, Silvia. La de lecciones de Mates y de lo que no son Mates que le dimos ayer al señor Wert padres, profes e hijos. Aunque no sé si esa cabeza tan dura será capaz de asimilar el mensaje. Pero mi hija sí, Lula ha aprendido con 7 años que tiene derecho a una educación pública. Y en la manifestación aprendió que hay que alzar la voz ante una ley que pretende educarla en el silencio, la sumisión, la incultura y la desigualdad.

    • silviasan dice:

      Querida María, qué mala educación la nuestra. Niñas de siete y ocho años gritando en las calles, portando pancartas, siendo insumisas de la incultura. ¡A dónde vamos a llegar! Gracias amiga, por leer, por escribir y por patear las calles intentando educar.

  2. César dice:

    Precioso texto Silvia. Yo tambien fui a un colegio publico con gente de diferente clase social, y eso me educó para eso mismo que dices tú, Sumar, que todos vayamos hacia adelante…

    • silviasan dice:

      Preciosas tus palabras Óscar. La infancia nos marca, sí. Y al escribir el post he recordado a muchos de aquellos compañeros del colegio público. Conocerlos y compartir pupitre con ellos entonces me enseñó que el mundo es mucho más complejo de lo que parece a simple vista. Hay miles de realidades dentro de una realidad. A veces vamos tan rápido que no las vemos. Gracias por compartir tus reflexiones y pasearte por el blog. Un lujo.

  3. José Luis dice:

    Querida Silvia :
    Después de leer tu artículo llego a dos conclusiones. Una de ellas es que te quiero en mis filas cuando monté el partido apolítico que quiero fundar y que se llamará ni más ni menos “ya está bien”, no me he equivocado, he escrito “apolítico” porque, si bien ahora aborrezco todo lo que huela a políticos, creo que la única forma de sacarlos de ahí es desde dentro, pero será un partido antipolitico, pues se harán las cosas justo al revés de como se están haciendo ahora. (Esto que te cuento es un sueño utópico ….. O no).
    Lo siguiente que pienso es que, con esa retórica y ese dominio de la palabra escrita, TIENES QUE ESCRIBIR UN LIBRO!! Que uno ya lo tienes vendido.
    Y de posdata añado que, si nos dejan seguir con una educación gratuita y digna, nuestros hijos estudiarán en breve unas nuevas unidades de medida que serán, para medir los robos: los “grados barcenas”, para medir la mentira, “los rajoys” y la incompetencia se medirá en “werts”.
    Un beso.

    • silviasan dice:

      Querido José Luis, yo crearía un partido apocalíptico. Aunque sólo de pensarlo me da la ansiedad. Cuando empieces tu proyecto, silba, igual hay algo que podamos cambiar. Gracias por querer tenerme en tus filas y por pensar que puedo escribir algo más que un artículo. Si pienso en un libro, me pongo a temblar. No me veo. Sudo intentando dar forma a mis reflexiones, imagínate si me pongo a intentar algo más. Curiosas reflexiones y más curiosos aún esos términos que acuñas para cuando nuestros hijos tengan que medir y poner nombre a la función de nuestros políticos. Gracias por llegar hasta aquí, por leer lo que escribo y, encima contestar. Un beso.

  4. nistagmus dice:

    Me gusta muchísimo como lo has escrito Silvi, esas idas y venidas del ayer al hoy son ciertas y hasta pedagógicas. También nos muestran el maltrato que se le viene dando a la educación de este país desde siempre esté quien esté gobernando. El hoy que yo vivo día a día con dos hijos con dificultades de aprendizaje es…. para que os lo voy a contar. Encotrar herrramientas para que lo superen nos supera, y eso se pongan como se pongan sólo lo brinda (de momento) la educación pública y algún profesor que sea consciente de estos problemas. Si todo nos cuesta el doble y encima nos recortan…. ¿que futuro les espera a mis hijos?

    • silviasan dice:

      Querido Ángel, siempre he pensado que el futuro es hoy, por eso creo que sea quién sea quién esté en el poder, si hay algo que no nos gusta, debemos salir y manifestarlo. La educación es algo serio que hay que cuidar y, sí, es cierto -como dices- que en este país nunca ha habido un consenso claro ni una apuesta por firme por la calidad. Educar es complejo y educar cuando hay dificultad en el aprendizaje mucho más. Gracias por acercarte hasta el blog, leerlo y opinarlo. Un beso.

  5. Silvia
    Me encanto lo que escribiste.
    La educacion gratuita y de calidad (como la salud y un lugar para vivir) tienen que ser derechos irrenunciables de toda sociedad.
    Eso lo tenemosque aprender de chico y la escuela no tiene que silenciarnos.
    Basta de la educacion para entrar a trabajar a una linda empresa, la educacion tiene que ser un derecho para todos.

    Desde Argentina ! (Bueno, un argentino ahora desde Ecuador), un saludo grande!

    • silviasan dice:

      Fede, gracias por seguir el blog y responder desde el otro lado del gran charco. Creo que educar es cimentar la historia. Sin la educación pública y de calidad los cimientos se quedarían cojos. Yo no creo que la educación privada sea nociva siempre y cuando no destierre a la educación pública. Como decís por allá, que tener plata no sea nuestra única oportunidad.

  6. kamikaze dice:

    Dice un proverbio hindú : ……”Con mis maestros he aprendido mucho; con mis colegas, más; con mis alumnos todavía más”….. Eso me ha pasado a mí, yo también estudié en coles públicos de la periferia, y joé, todo lo que aprendí, y no sólo contenidos, que también. De mis compañeros, aprendí compromiso, vocación, amor a la pedagogía. Como educador que soy, mis alumnos de barrio, me enseñaron casi tanto como mis maestros de la enseñanza pública.
    Nuestro mayor enemigo siempre para los educadores era y es la burocracia, los gestores, los tecnócratas que hunden las ‘empresas’ públicas para decirnos que no funciona, que no es rentable, que no sirve y ponerlo en manos de empresas privadas o beneficiar a los de mayores recursos económicos una vez más. Me encanta como está escrito Silvia, digno de un editorial de cualquier ‘grande’, enhorabuena, muy comprometido, muy valiente y también muy honesto ese viaje en el recuerdo……………… ” Donde hay educación no hay distinción de clases.” (Confucio)
    F

    • silviasan dice:

      Kamikace, la escuela tiene asignaturas ineludibles en la calle. Lástima que los políticos -tan alejados de la realidad- se empeñen en alejar, con sus leyes, la educación de la calle. La privatización es una cápsula que encasilla y selecciona, privando a la escuela de infinitos matices. Gracias por tu interesante reflexión y por acercarte de manera crítica y directa al blog.

  7. Ventura dice:

    Silvia: Leo con mucho interés todos tus trabajos sobre los temas de actualidad que a todos nos afectan y a algunos también nos preocupan. Enhorabuena por tu blog y que sigas muchos años sacando punta a tu lapicero periodístico. Esta tarde asistíamos con interés por TV a la ceremonia de entrega de los premios Príncipe de Asturias. Allí estaba, como no podía ser de otra manera y como corresponde protocolariamente, el Ministro de Educación, Sr. Wert Ortega. Me pregunto como se puede compatibilizar el merecido reconocimiento a la labor de los premiados, exaltar sus trabajos en los campo de la Cultura, las Letras o la Ciencia y defender sus valores humanísticos como patrimonio universal y a la vez defender un sistema educativo que contribuirá a que pocos españoles que ho ocupan las aulas reciban estos premios en el futuro.

  8. Charly dice:

    Me SUMO a un tema al que no hay que RESTAR importancia. Unidos y nunca DIVIDIDOS conseguiremos que Wert se MULTIPLIQUE por cero 😉

  9. AntonioGlar dice:

    Hola , antes que nada , gracias por compartir tus reflexiones . Yo también fui a un colegio público en los 80 y fui viendo como el colegio iba cambiando . No me considero para nada de derechas pero la verdad es que recuerdo con nostalgia, sobretodo, la primera época de mi escolarización . En esa escuela destacaba el orden , el respeto a los maestros , las liturgias , incluso los capones que también me daban , pocos por suerte, (esta ultima añoranza me preocupa jaja ). Dentro de los grandes excesos de esa época todo tenia mas sentido , luego con el tiempo ,la escuela cambió se eliminaron valores que eran sagrados y se frivolizó demasiado con la educación. A la gente de los colegios públicos hay que ayudarles pero también exigirles. El paternalismo no es bueno.

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